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| La Gorda. Heterosexual-Maduritas, anal-primera vez. El sexo anal puede ser una gran experiencia cuando inicias en éste, a una mujer gorda muy juguetona. |
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Antes que nada debo decirles que soy un fanático de Marqueze, lo encuentro fantástico, pero me doy cuenta de que todos sus relatos hablan de mujeres, que aunque están bien pasadas en la edad, siempre tienen buenos cuerpos. Es por eso que me atreví a contarle mi historia, que no es la única, ya que tengo otras que son peores. Eran las once de la noche, y yo me paseaba en mi carro, a la espera de cualquiera mujer que pudiese satisfacer mis necesidades. En ese momento vi a una mujer de unos 45 años, extremadamente gorda, que esperaba locomoción para dirigirse a su casa, en los alrededores de la ciudad. Como hacia mucho frío y empezaba a llover, me acerqué y le pregunté si se dirigía a Colina, ( yo sabía que sí, pues es el único lugar donde se espera esa locomoción ). Ella se acercó a la ventana y me dijo que sí. La invité a subir y ella aceptó. Una vez dentro me agradeció, ya que hace más de veinte minutos que esperaba locomoción y no pasaba nada, y que se estaba muriendo de frío. Yo encendí la calefacción a todo lo que da y le sugerí que se sacara el abrigo, que estaba un poco mojado. Ella se lo saca, dejándolo en el asiento trasero. Al darse vuelta rozó mi brazo con una de sus tetas, que eran de un tamaño sorprendente. Como el viaje dura aproximadamente 20 minutos, mis movimientos tenían que ser rápidos. - ¿ Tu marido no te dice nada por estar hasta tan tarde en la calle? - No - me dijo - mi marido trabaja en Rancagua y llega sólo los fines de semana, además yo trabajo en un hotel y ésta es mi hora de salida. ¿No te da miedo andar a esta hora en la calle? - La verdad que sí, yo nunca antes me había subido a un auto con un desconocido, pero tú tan jovencito me inspiraste confianza. - No te confíes, tú no sabes si yo puedo ser un depravado o un psicópata - ella se ríe, - no le creo, con esa cara de angelito, además no creo que te intereses en una gorda como yo y tan vieja. - Al contrario - le dije -, como yo soy tan flaco siempre me han atraído las personas gordas, y con respecto a la edad, es el sueño de todo adolescente estar con una mujer mayor, que tenga experiencia. - Se ríe - No te lo puedo creer - Es cierto, mi sueño siempre ha sido estar con una mujer mayor que yo y si tiene unas tetas como las tuyas, sería una fantasía hecha realidad. La gorda en ese instante cambio su tono de voz, se sentó de lado mirándome y me pregunto - ¿ No me dirás que yo te caliento? - no sabes cuánto, le respondí - En ese momento su mano me toca mi polla, que estaba a punto de reventar, y me dice que es cosa que yo diga y que haría todo lo que yo diga.- Le pido que me baje la bragueta - Ella con las dos manos me baja el cierre pantalón, saliendo mi polla en todo su esplendor... - ¡ qué cosa tan grande! - En realidad sí bien es cierto lo que le falta de gruesa le sobra de larga, 28 cm. - Sus manos gordas la aprietan con fuerza y empiezan a manosearla de arriba a bajo con mucha suavidad, yo mientras, con una mano en el volante y la otra entre sus piernas, buscaba un sitio apartado, donde estacionar. - De tener dinero, te llevaría inmediato al motel que pasamos, pero a falta de eso te partiré en dos en el asiento trasero - Eso sí que no, - me dijo - esta oportunidad no se me presenta dos veces en la vida, da la vuelta, que yo pago. - En minutos estábamos en el motel - cuando volví de cancelar la habitación, con el dinero que ella me dio, la encontré ya bajo las sabanas. En dos segundos me desvestí y me acosté a su lado, no sin antes observar el tremendo pedazo de mujer que me iba a comer. Le dije que se sacara el brasier, lo que me dejo ver un par de tetas más grande que mi cabeza. Como desesperado empecé a chupar ese par de tetas, como si se fueran a terminar. Tenía que agarrarlas con ambas manos, ya que una no era suficiente, mientras ella me apretaba la cabeza contra su pecho. Me senté sobre ella y le puse mi polla entre sus tetas, me empecé a mover mientras ella se las agarraba y me la apretaba. Mis movimientos cada vez se acercaban a su boca y en cada movimiento ella acariciaba mi punta con su lengua. Le puse una almohada detrás de la cabeza, y sosteniendo mi polla con una mano se la metí en la boca. Ella soltó sus tetas y me agarró mi polla con fuerza y empezó a chuparla desesperada. Yo mientras jugaba con sus tetas entre mis bolas. Estaba a punto de acabar, así que le dije que se diera vuelta que se la metería por detrás. Ella me dijo que no, que por detrás nunca lo había hecho y que daba mucho miedo. Yo le dije que se diera vuelta que se la metería por su concha. Me bajé de ella, poniéndose ella en cuatro patas me dejó delante de una cola de tamaño descomunal. Tuve que abrir sus nalgas con mis manos, ya que tal trasero no me dejaba ver dónde meterla. En un abrir y cerrar de ojos, yo estaba con mi polla dentro de ella, aferrando con mis manos sus tetas. A la gorda parecía que se le iba a acabar el mundo, gritaba de placer. Yo tiraba de sus pezones, le agarraba su culo y trataba de meterle el dedo en su culo, pero estaba demasiado apretado. Así que mi dedo se fue a su concha y mojándolo con sus líquidos empecé nuevamente a tratar de meterlo. Como no podía me salí de ella y abriéndole sus nalgas, deslizaba mi lengua entre su raja hasta llegar a su concha, ella con sus manos se sujeto sus nalgas, dejándome libres las manos para meterle mis dedos en su concha, mientras con mi boca mojaba su hoyo, metiéndole la lengua lo más adentro posible. Ella en ese momento se corrió lanzando gritos de placer, dejándome la mano toda mojada. Yo me levanté y le coloqué mi verga a la entrada de su hoyo, ella se echó un poco adelante y me dijo que por ahí no. Yo le supliqué que me dejara acabar ahí, pero que no la penetraría. Ella accedió (ingenua), mientras abría sus nalgas, yo coloqué la punta en la entrada de su hoyo penetrándola sólo un centímetro, ella se quejó y me dijo que hasta ahí, no más. Yo ya no podía aguantar y cuando empecé a acabar se la metí toda de golpe. La gorda dando un grito de dolor quedó tendida de boca, mientras yo botaba mis últimos borbotones de leche. Sin sacarla, me quedé sobre ella, mientras le decía que no la sacáramos para que se fuera acostumbrando, ya que ahora no estaba tan dura. Con movimientos suaves mi verga volvió a crecer dentro de ella, esta vez, ella empezó a gozar, ya que mientras la metía por detrás, mis manos jugaban rápidamente con su clítoris. Mi polla estaba a cien y mis movimientos eran cada vez más bruscos, lo que provocó dolor otra vez en ella. Me pidió que por favor la sacara y que me haría terminar en su boca. Dicho esto me coloqué de espaldas y me empezó a dar una mamada como si se estuviera vengando por el dolor que le hice sentir. Como no me gusta ser egoísta le pedí que hiciéramos un 69, colocándome lógicamente yo arriba. Como ella me lo chupaba tan rápido, no pude durar mucho tiempo, llenando su boca con semen, del cual la gorda no se perdió ninguna sola gota, acabando ella en el mismo instante apretando mi cabeza con sus piernas. Una vez que la dejé en su casa me dijo que ella esperaba todos los días locomoción a esa hora y que cuando yo quisiera la tendría. Yo por mi parte quedé más que satisfecho, pero vamos a dejar pasar un tiempo antes de volver a llamar a la gordita. Si esta historia te gustó o si gustas de las gordas espero tus comentarios en VAMPIROSEXUAL@HOTMAIL.COM |
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Cuando más gorda y más dura, mejor |
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Más que una fanática del follar, diría que soy una golosa del sexo. Disfruto mucho dando y recibiendo, hago de todo en la cama y donde sea. Me fascinan los juegos eróticos, me encanta provocar a los tíos y no me considero una guarra, aunque me gusta que me traten como una puta. Aunque siempre es más rica una polla bien grande que una pequeña, disfruto con un pene chiquitín, cuando no hay uno enorme, porque si me baila en el coño, me lo mando al ligue de turno que me lo meta en el culo. Todos los tipos se creen súper machos, todos dicen lo mismo, todos te prometen que lo vas a pasar como nunca y la mayoría se queda a medio camino, se corre casi al empezar o no es capaz de dar presión de verdad. Siendo sincera y aunque esto levante chispas, debo reconocer que mis mejores amantes han sido los jovencitos y los negros. Sólo de recordar algunas cosas, me mojo. Nunca he visto un negrito que la tenga pequeña, delgada, o dure poco. Deben de haber sido los complejos que les dejó el colonialismo, pero se esfuerzan de verdad. Debo decirles que me llamo Vanessa, tengo 24 años, estoy casada, sin hijos, mido 1.72, soy una tía 94-60-90, y me gusta follar, más que a un tonto una tiza. Lo que les voy a contar me pasó hace unos días, durante las fiestas. Justo después de medianoche, mi marido y yo salimos hasta la plaza, para ver de cerca los fuegos artificiales. Cuando llegamos, había juerga, pero todavía no habían comenzado los cohetes, así que dimos una vuelta. Y por esas casualidades ricas que tiene la vida, nos encontramos o mejor dicho, me encontré, con dos compañeros de colegio. A los dos me los había follado en el gimnasio en su época, porque yo fui de las que se fumigó a la mitad del alumnado y a unos cuantos profesores. Con estos dos, en concreto, hubo además un fin de semana en que nos fuimos con otras dos chicas a la casa del padre de una de ellas, en la playa, y además de beber como cosacos, nos follamos unos a otros, por separado y en grupo. Fue, quizá la cosa más guarra y tremenda que hice de estudiante. No nos veíamos desde hace más de 6 años y sobra decirles cómo s eme puso el chumino en cuanto los divisé y me vinieron a la memoria aquellas fiesteritas. Uno de ellos, al saludarme, cuando nos dábamos dos besos en las mejillas, susurró: “Sigues tan buena como siempre”. Yo me reía y él, casi inaudible, añadió: “Y veo que igual de calentorra”. El tipo era osado, porque cuando comenzaron los fuegos y estábamos todos mirando a lo alto, noté una mano en el trasero. No un roce, sino una mano de esas ansiosas, que te agarra el cachete y baja despacio. Sabia que no era mi marido, porque este tenía uno de sus brazos por encima de mi hombro y en con la otra mano sostenía la cámara. Por lo tanto solo podía ser uno de ellos. El caradura de Guillermo, porque cuando lo miré de reojo, puso cara de despistado y me guiñó un ojo en plan pícaro. Al medio minuto, noté una segunda. No podía ser el descarado es Guille, así que el cerdo de Roberto se había sumado al festín. Estos no respetaban nada. Sabían que no iba a protestar y tampoco a moverme, porque eso me delataría y crearía una situación incómoda. Mi marido pudo darse cuenta de algo, porque sin querer se me escapó un suspiro. Debió pensar el muy pardillo que era por la belleza de los cohetes, pero era el placer de sentir aquellas dos maravillosas manos, sobando mi trasero, en las barbas de mi esposo, en lugar público y rodeados de gente, que no se enteraba de nada. Aquellos si que eran juegos y no los artificio. A medida que iban tomando confianza, bajaban más, me metían mano por debajo y hasta buscaban el coñito desde atrás. Favorecía su labor de zapa, que llevaba un vestidito que me llega hasta la mitad de los muslos, la gran cantidad de gente, las luces tenues y la luminosidad de los juegos pirotécnicos. Me abrí un poco de piernas para ayudarles y llegaron hasta el coño. Si no me corrí de emoción, fue porque se acabaron los fuegos. Mi esposo, que es bastante pardillo, tuvo la brillante idea de invitarlos a la casa a tomar una copa: “la última”. Ellos se hicieron de rogar, disimulando, y se vinieron. Llegamos a la casa y mientras se preparaban las copas, subía al cuarto de baño y aproveché para darme un fregadito de bajos, por si la noche deparaba más sorpresas. Sobra aclarar lo rico que es sentir el agua fría en el conejo, cuando una esta caliente como yo estaba. Y aquellos dos tenían que estar a reventar de ganas. Decidí no volver a ponerme bragas. Arriba urdí un plan para deshacerme mi marido y mandarlo pronto a la cama. Bajé y estaban todos en el salón. Me senté con mi marido, dejándoles a ellos enfrente, para que pudieran ver piernas, muslitos y eso que tanto gusta a los tíos. Mientras conversábamos yo me abría ligeramente de piernas y les dejaba el coñito. Mi marido, al lado, ni se enteraba y aquellos dos babeando enfrente. Creo que a esas alturas, sus pollas no podían soportar tanta tortura dentro de los pantalones, pero me encantaba verlos sufrir. Fui a la cocina a traer otra ronda y cargué bien el vaso de mi marido. Es de los que se achispa rápido y enseguida le entra sueño. Dos así y no iba a durar mucho. Volvía a sentarme y a hacer fotos con el coño. Mis admiradores ya estaban bastante incómodos y yo disfrutaba con la escena. A la media hora, mi marido cabeceó y tras dos bostezos gigantescos, dijo que se iba a la cama. Ya estaba listo, mi plan marchaba como lo había ideado. Se despidió y subió dando tumbos, diciendo que había sido un placer. No sabía lo que me aguardaba a mí. Mis dos amigos, tenían que estar a cien y con sus pollas bien hinchadas debajo del pantalón. No hubo preámbulos ni rodeaos. Cerramos las puertas y tras varias frases soeces, en las que ellos me decían elogiosamente que era “la tía más puta” de la ciudad y yo los trataba de “pichaflojas” y “salidillos”, entramos en faena. Les hago sentarse en el sofá, me arrodillo ante ellos, les desabrocho los pantalones, le saco a los dos la verga y empiezo a mamar y a pajear. Con moderación, para evitar corridas antes de tiempo. Les advierto que no se puede manchar nada y los dos, muy guarros, se ríen y dicen que entonces me preparé a tragar leche y de la que llega caliente y en cañería. Que ricas estaban, más grandes y gordas que como las recordaba y ellos, como la última vez que estuvimos juntos, se limitaban a gemir y a tratarme como siempre me ha gustado, como una furcia. Me decían a media voz palabrotas fuertes, lo que estimulaba mi calentura. No se cuanto tiempo estuve mamándosela, se las besaba, les pasaba la lengua a largo y ancho, les comía a veces sólo el capullo. Otras veces me la comía entera. Era fantástico, porque me agarraban la cabeza, aferrándome por la y me la apretaban contra sus cojones, hasta que no podía más. Otras veces lamía sus bolas, pero eso les gustaba menos. Después de un largo rato de comerles las pollas, me obligan a desnudarme y deciden follarme al alimón. Me tumban en el suelo, Roberto me pone su polla en la cara y Guille me abre de piernas y me empieza literalmente a moler el conejo a pollazos. Yo correspondía chupándole a Robe con habilidad, mientras él amasaba mis tetas. A los tres minutos, cambiaron de posición. Guille en mi boca y sus manos en mis pezones, mientras Robe se devora el coño. El placer y el morbazo eran tan grandes, que no pude más y me corrí sintiendo la legua Robe metida en el agujero del coño. Ellos, que habían estado aguantando, me ponen de rodillas y se pajean en mi cara. Obediente, para no salpicar la moqueta, me tragué primero la lechada de uno y después la del otro. Como buena anfitriona, les ofrecí otra copa. Estuvimos así, un buen rato, los tres en cueros, hablando de nuestras locuras estudiantiles y de otra gente, a la que habíamos perdido la pista. No dejaban de felicitarme por lo buena que estaba y lo golosa que seguía siendo. Después de haber descansado un rato, Robe me dice está listo para romperme el culo. Guille, sin quedarse atrás, dice que si es a cuatro patas me la mete en la boca o si prefiero que lo hagamos a caballo y que me la mete en el coño. Añade que eso me apretará mucho y que me gustará. Suspiré resignada, como si fuera algo nuevo para mí. Antes de volver a la faena, se las chupé un ratito para ponerlas bien duras. No aguanto las pollas morcillotas. Me gustan tiesas como un obelisco. Una vez listas Robe se acomoda en una silla y me hace sentarme a horcajadas, de espaldas, mirando hacia afuera. Tiene un cipote tremendo. Largo, grueso y me manda agarrarlo y ponerme la punta en el agujero del culo. Obedezco y a medida que me va entrando por el culito, siento más gusto, a pesar de que me parecía que me iba a romper. Aunque me costó un poco, gozaba con cada centímetro que entraba. Guille no paraba de exclamar que parecía imposible que me entrada aquel taladro, pero me entraba. Me gustaba la sensación y una vez bien acomodada en la verga de Robe, se acerca Guille con su verga en ristre, me levanta las piernas y me la empieza a meter por el coño. Apretaba muchísimo y yo sudaba como una cerda, pero aquellos dos estaban encantados. Y empezó lo mejor. Porque comenzaron a moverse, a dar pollazos, a meter y sacar y aquello era una corrida constante. Después de un buen rato de rica tortura con sus vergas, manos y de escuchar palabrotas, nos volvemos a correr todos. La sorpresa llegó cuando se vestían. Guille acogió su móvil y el muy descarado comenzó a contarle a alguien que estaba en casa de una vieja amiga. -” Adivina a quien nos estamos follando Robe y yo” No se que dijeron al otro lado de la línea, pero añadió: -¡A Vanesa, la superputa del colegio!”. Los eché con cajas destempladas, pero todavía me calienta acordarme del polvo. |
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| De jabugo a tocina asi es mi vecina | |
Cada vez que colgaba la ropa en el tenderete repleto hasta la bandera, miraba a la calle, oteando el cielo y percibiendo el estado del clima, para el presente dia o simplemente, para ver a los viandantes . |
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